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Los siete planetas tradicionales esbozan el perfil individual del sujeto: definen su carácter y describen la inmanencia humana. Constituyen la subjetividad de percepción de una determinada realidad, de un tiempo y un espacio donde se despliega la vida.

Los planetas transaturninos, por el contrario, pueden definirse como trascendentes, esto es más allá de la realidad vivenciada desde la experiencia de la conciencia personal. Estabilizan al hombre, posibilitando trasponer el límite de su si mismo. Suelen definírselos como generacionales, en tanto la generación incluye al sujeto en una pertenencia mayor.

Particularmente Urano y Neptuno ofrecen una escenografía, un telón de fondo de la época, que podemos denominar filosofía de vida o espíritu de los tiempos, siendo finalmente lo que otorga rasgos propios y cohesión a una determinada generación.

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Hace años escuché decir a Ismael Gil -astrólogo español- que cada generación padece el Plutón de sus padres. Su frase me impresionó, y tiempo después me permití modificarla. No sólo se padece, sino que a través de Plutón se recibe un legado ancestral. Cada nueva generación, recibe la carga de la herencia de sus mayores, conformando un eslabón de la cadena evolutiva de la humanidad. Lo que se haga con ese legado, dependerá en gran medida de la configuración que presente Plutón en la carta natal.

¿Qué caracteriza a las generaciones que comparten el mismo signo para Plutón, en función de las expectativas depositadas en su descendencia?

Plutón en Cáncer (1912/14 – 1937/39). Fue una generación de padres marcados por el horror de la I Guerra Mundial, las emigraciones por razones bélicas, por la pobreza o buscando un horizonte venturoso para el futuro de sus hijos. El mito de la familia se tornó el mayor de los legados a su prole. Fluctuaron entre la nostalgia –agua- de un mundo perdido y la construcción de una nueva pertenencia –cardinal-.

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Todos los planetas -con excepción de las luminarias- manifiestan periódicamente un movimiento retrógrado, en contra del orden de los signos. Dentro del movimiento normal o “directo” muestran cada tanto una velocidad máxima y una velocidad mínima que se denomina “estacionario”, previa a ir en dirección opuesta hasta alcanzar poco a poco nuevamente un máximo de velocidad, una vez lograda vuelve lentamente al estado estacionario, tras lo cual retoma el sentido directo.

Este extraño vaivén desde el punto de vista geocéntrico, no existe para el punto de vista heliocéntrico: para un observador parado en el Sol mismo, solamente existiría el movimiento directo de los planetas.

Para hablar de esta retrogradación aparente, diferenciaremos dos grupos de planetas:

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Ahora enfocaremos el funcionamiento de los planetas retrógrados sobre la carta natal dinámica.

Tránsitos.

La casa por la que transita el planeta retrógrado necesita una revisión, una evaluación retrospectiva.

Si en el retroceso conjunta un planeta natal, el planteo también se extiende al planeta transitado. Por ejemplo: Júpiter R. conjunto a Venus natal: ¿Por qué no ser más confiados y abiertos en los vínculos?

Mercurio (24 días, tres veces al año). ¿Qué errores se cometieron por falta de reflexión? Evaluar la capacidad de comunicación.

Venus (42 días cada año y medio aproximadamente). Reconsiderar el valor de las relaciones. Retomar trabajos creativos o artísticos. Revisar asuntos financieros.

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Entre noviembre de 2015 y setiembre de 2016, ambos planetas conforman en el cielo una cuadratura entre los signos de Sagitario y Piscis. Suma un matiz interesante a esa configuración que el dispositor de ambos signos -Júpiter- se ubica a su vez en Virgo, en exilio, y por momentos del ciclo conforma una T cuadrada, debido a la oposición con Neptuno y la cuadratura con Saturno.

Como toda configuración de planetas lentos, da pie a variadas interpretaciones, e intentando no reiterar lo ya enunciado por otros colegas, propongo ingresar a su comprensión desde una mirada no estrictamente astrológica.

Una opción es recordar la frase evangélica: “Pagad pues al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). Tal vez la forma más sucinta de diferenciar las responsabilidades terrenales (Saturno) de las trascendentes (Neptuno).

Otra vía de acceso nos lleva a recordar que luego de que Adán y Eva son expulsados del Paraíso, abandonan su patria y se tornan extranjeros, emigrados. Dado que la patria es el cielo, el hombre es un extranjero durante su vida terrenal. Concepto interesante de recordar hoy, cuando enormes masas de migrantes buscan un lugar donde afincarse.

   

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