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LA CASA IV (I)La casa IV tradicionalmente está asociada con el hogar, la familia, los padres, la vivienda, el país natal, los negocios inmobiliarios, los últimos años de vida. En un sentido más amplio, allí mora la parte subjetiva del ser. Es un conjunto de potencialidades y sentimientos ancestrales y ambientales, de impresiones primeras.

En esta casa moran las intuiciones -las que se sienten en la boca del estómago-, la vida interior, los sentimientos, las fantasías, los sueños; resumiendo, en ella habitan los contenidos esenciales de nuestra vida psíquica, en estado "natural", es decir, con poca o ninguna elaboración, sea en el plano intelectual o emocional.

Como punto central de las casas de bajo el horizonte (de la I a la VI) sostiene la vida interior homogénea, sólida. Es lo que permite decir yo frente a las fotos de una beba con rulos, una nena en su primer día de clase, una adolescente en una fiesta, una mujer adulta, etc. Más allá de las lógicas diferencias formales entre la primera y la última foto, existe una certeza que todas esas imágenes distintas, pertenecen un mismo sujeto: yo.

La idea de la casa IV como raíz del sujeto, está presente en el lenguaje coloquial, cuando decimos de alguien que creció muy de golpe desde el punto de vista social o del reconocimiento de los otros (casa X): "...pero tiene poca base", "...es poco sólido", "...es un desarraigado".

Otorga un sentido de seguridad y fuerza que condiciona la evaluación de las cosas, esas cosas que son obvias para uno, que se perciben de una determinada manera y ni siquiera se nos ocurre que pueda ser de otra forma. Nos permite poseer un canal selector de "funcionamiento automático" que nos posibilita decir, de manera inmediata "a esto me atrevo" o "esto me asusta".

Ofrece sentido propio de estabilidad, de pertenencia (a una familia, a una cultura, a un sistema de valores). Desde allí cada uno se proyecta para llegar a ser una persona concreta en el mundo objetivo. Y desde este punto de vista, es importante su evaluación frente a un consultante que se queja por los pocos logros personales. Y antes de abalanzarnos a ver su casa X (lugar al cual pertenece la queja que presenta), vale la pena ver, desde la IV, cuánta nutrición o no, recibe la persona desde la raíz. Muchas veces vemos que el MC ha hecho maravillas para florecer con la poca savia que llega desde el FC, o por el contrario, la semilla se ha sentido tan cómoda y bien tratada en esa tierra primera que no hace el esfuerzo necesario que implica el desafío de crecer.

En algún momento de la vida, el sujeto percibe la relatividad de la seguridad, de los cimientos dados por la pertenencia, y en ese instante comienza a buscar su "centro" desde el cual irradiará su yo esencial y creador. Apoyado en ese punto central, uno puede moverse en todas direcciones de manera dinámica y creativa. En ese centro el ser está integrado. Podemos decir, que sus diferentes facetas se han unificado, conformando una totalidad.

El signo de la cúspide de la IV indica la manera de abordar el problema de la estabilidad y la integración del ser. No nos dice hasta dónde podemos llegar ni qué nos va a satisfacer, sino el cómo abordar el asunto de buscar el centro.

El planeta regente indica -de acuerdo a la casa que ocupa- el campo de experiencia que ayudará a encontrar la estabilidad, descubriendo nuestra máxima fuerza interior.

El planeta ocupante señala aquellas actividades que colorean la búsqueda de estabilidad y del centro del ser.

Cerrando este escrito diremos que O. Adler agregó que es un sector que informa sobre la capacidad de respeto hacia los mayores -ancestros, padres, maestros, guías espirituales-. Además definió la actitud de la casa IV como propia del idiota, en el sentido etimológico del término. Antes de ofendernos, veamos a qué se refería.

Idiota proviene de la raíz griega idios, que significa “lo privado, lo particular, lo personal”. De esta misma raíz derivan “idiosincrasia” (rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad) e “idioma” (lengua de un pueblo o nación).

Por tanto, en principio, el idiota era simplemente aquel que se preocupaba solo de sí mismo, de sus intereses privados y particulares, sin prestar atención a los asuntos públicos o políticos. Con el tiempo, la palabra devino en insulto, ya que la vida pública era importante para los hombres libres de Grecia, y era deshonroso no participar en la democracia.

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