Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

OSWALDO GUAYASAMIN (1919 - 1999)Me invitaron a participar en un homenaje que meses atrás se hizo en Buenos Aires, conmemorando los 100 del nacimiento de Oswaldo Guayasamin, el gran pintor ecuatoriano.

De inmediato tropecé con el inconveniente de no hallar su hora natal, a lo que se agregaba dirigirme a un público no astrológico.

Ateniéndome sólo a que arribó al mundo un 06 de julio de 1919 con una presencia planetaria significativa en el signo de Cáncer (Sol, Plutón, Júpiter) enfoqué algunos rasgos de su perfil y de su obra.

Su biografía informa que nació en un hogar humilde, de padre indígena y madre mestiza. Fue el mayor de diez hermanos y padeció tempranamente la pobreza, la discriminación y la hostilidad del padre hacia sus inclinaciones artísticas. A pesar de tantos obstáculos, a los 21 años se graduó en pintura y escultura en la Escuela de Bellas Artes.

Cáncer es un signo emotivo que se entrega a la inmensidad del sentir, captando la vida desde la intimidad de su vivencia.

Dijo Oswaldo: Estoy en el mismo punto, pero cada vez más hondo. Siempre golpeando hacia adentro.

En la memoria de todos subyace la situación de mayor intimidad posible como es la que existe entre el ser en el estadio uterino y su madre. Intimidad desgarrada en el momento definitivo de la separación del nacimiento.

Esa instancia sin duda intensa, da pie posteriormente al sentimiento de una autonomía liberadora o bien a una nostalgia por aquel paraíso perdido. En Cáncer prima el sentimiento de añoranza que lo lleva una y otra vez a una reminiscencia idealizada del pasado y el temor a la soledad.

Como bien menciona Gonzalo Pérez en su libro “Un espejo cósmico”, el regente de Cáncer es la Luna, tradicionalmente asociada con las perlas. La perla se origina en el dolor producido por la herida del grano de arena que se introduce en su interior para luego recubrir esa lastimadura con una sustancia luminosa. Donde hubo una herida, deviene una joya, una esfera de nácar. Humanamente podría compararse con el dolor de la separación del cuerpo materno que a veces el alma, como la perla, va cubriendo con luminosas capas de aceptación del hiriente daño.

En el caso de Guayasamín esa lesión esencial se torna imagen sufriente de su pueblo, para ir en sucesivas etapas creando a su alrededor el nácar perlado que le posibilita pertenecer empáticamente a un todo mayor, a un útero extendido a sus raíces ancestrales de donde surge la savia vital que nutre su obra.

Y este proceso lo vemos desplegado en las sucesivas etapas de su creación y en algunas frases que el pintor fue desgranando a lo largo de los años.

En 1945 aparece la 1ª serie, denominada El camino del Llanto, conformada por 103 cuadros que muestran el dolor de la herida primordial, aunque ya desplazada de su interior subjetivo a un nosotros que conforma la historia de sus semejantes.

Pintar es una forma de oración al mismo tiempo que de grito. Es casi una actitud fisiológica, y la más alta consecuencia del amor y de la soledad.

Hacia 1961 surge la 2ª serie, llamada La edad de la Ira constituida por 260 obras. En esta instancia, sus sentimientos se encaminan hacia la furia y la rebeldía frente a la pobreza y el sufrimiento del pueblo.

Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el Hombre hace en contra del Hombre.

A principios de los años 80 aparece la 3ª serie, La edad de la Ternura. Sus imágenes representan de múltiples manera a la Madre dadora de vida, la Madre Humana -microsomos- y la Madre Tierra -macrocosmos-.

OSWALDO GUAYASAMIN (1919 - 1999)Soy consciente de que venimos de una cultura milenaria, alrededor de la cual se formó una civilización que alcanzó momentos de gran esplendor.

En sus últimos años, sus imágenes comienzan a perfilar la serie de La edad de la Esperanza.

Pese a todo, no hemos perdido la fe en el hombre, en su capacidad de alzarse y construir, porque el arte cubre la vida. Es una forma de amar.

Un recorrido plástico que representa con extrema nitidez un devenir interior, desde el pasado dolor del abandono primario a un futuro promisorio preñado de posibilidades, vida y libertad. De la herida a la perla, del pasado al futuro, de Guayasamín a “Ave blanca volando” que es el significado de su apellido en lengua quechua.

No tiene derechos para añadir comentarios

   

Conectarse  

   

Enlaces Redes  

Comparte Esto

Síguenos

   
   

Visitantes  

0.png3.png3.png0.png8.png5.png1.png
Hoy76
Ayer237
Ultima semana1203
Ultimo mes2901
Total330851

Sus datos de conexión

  • IP: 3.94.200.93
  • Navegador: Unknown
  • Versión:
  • Sistema Operativo: Unknown

En línea Ahora

2
en línea

Sábado, 14 Diciembre 2019 12:47
   
© Gente de Astrología-GeA/Abulafia