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Procusto era el apodo de un posadero de Eleusis, famosa ciudad de la antigua Grecia donde se celebraban los Misterios. Hijo de Poseidón, el dios de los mares, su estatura era notable y su fuerza colosal. Si bien su verdadero nombre era Damastes, lo apodaban Procusto, ("el estirador"), por su peculiar manera de tratar a los huéspedes de su taberna. Los obligaba a acostarse en una cama. Si la estatura de la víctima era mayor que el largo del lecho, le cercenaba el sobrante, si era menor, lo estiraba hasta que se ajustara exactamente al tamaño del catre. Procusto terminó su existencia sometido por Teseo a la misma tortura que sus víctimas.

Esta leyenda ha quedado en la tradición popular, como referencia de aquellos que pretenden acomodar la realidad a la estrechez de su particular visión de las cosas.

Releyendo el magnífico libro de Esther Díaz “Para seguir pensando” (Editorial EUDEBA. Bs. As. 1988), dí con un artículo donde la autora trae a colación la historia de Procusto en relación a la “elasticidad conceptual” de las ciencias sociales.

De inmediato surgió la reflexión de cuántos “Procustos” existen en el campo astrológico, dispuestos a mutilar o estirar al consultante para acomodarlo exactamente al tamaño de su lecho/teoría.

Unos transitarán el camino de encontrar una dirección al estilo de “la raíz cuadrada de pi a la tercera potencia” por año da cuenta exactamente del suceso. Sí aún así no se encuentra la clave adecuada, puede utilizarse en forma directa o conversa, sobre el zodiaco trópico o sidéreo.

Otros echarán mano a oscuras explicaciones pseudo filosóficas, metafísicas o psicológicas, que sin duda son indiscutibles en tanto nadie entiende a qué se refieren.

Lo concreto es que padecemos un temor al vacío que lleva a consideraciones probablemente descabelladas, o peor aún, a inútiles explicaciones de acontecimientos que están más allá de nuestra comprensión. El asunto central es que la teoría “cierre” sin fisuras, como si se tratase de una ecuación donde compulsivamente debemos despejar el valor de X.

La ambigüedad de la Astrología radica en que si bien utilizamos en el momento de calcular conocimientos de las llamadas “ciencias duras” (matemática, astronomía), su objetivo en el acto de la interpretación apunta a descodificar la vida interior de un sujeto, de la sociedad, de un momento histórico.

De esta forma la Astrología se despliega como un saber humanístico, cuya riqueza -y simultáneamente su pobreza- es que quedan abiertas incógnitas, significantes vacíos, que como piezas faltantes permiten la movilidad de las otras fichas habilitando a diversos escenarios de sentidos.

Pero para permitirnos este juego, es necesario tener despierto a nuestro Teseo interior que nos libere de la rigidez conceptual, y admitir que la realidad es siempre -y por suerte- más rica que la teoría.

Termino esta entrada del blogg compartiendo una situación personal acontecida hace unos años atrás que demuestra bien que la vida supera las conjeturas teóricas. En la época en que organizaba los Encuentro entre Astrólogos, recibo una propuesta de trabajo de un colega extranjero. Adelantaba que iba a enviar una ponencia sobre Astrología infantil -tema sobre el que he teorizado- y me intrigó conocer su perspectiva.

Por esa época, Plutón en tránsito -ocupante de la casa IV natal- realizaba conjunción a mi Luna natal -regente de la casa IV- presente en IX. Como cualquier estudiante puede deducir, el pasado parecía necesitar una revisión.

Prosigo con el relato. Recibo la ponencia y le doy una mirada rápida. En un momento el autor anuncia que a continuación analizará la carta de un adulto que está pasando una situación difícil, no poniendo los datos natales para preservar la intimidad del consultante y que enfocará su interpretación sobre las directivas que hubiese dado en su momento a los padres o educadores para guiar mejor al niño.

A partir de allí comienza a enunciar: el Sol está acá, la Luna allá, etc. Cuando llego a Marte caigo en la cuenta que describe mi carta. Efectivamente, era un “mellizo astrológico”.

Resumiendo: un extranjero -Luna natal y Plutón en tránsito por casa IX- envía un informe para mis padres sobre cómo educar mejor a la niña que fui. Jamás hubiera barajado la posibilidad de que esa movida sobre el pasado y la casa IV tuviese esa manifestación. Fue maravilloso.

Comentarios   

0 # alicia 18-07-2015 10:09
Sencillamente impresionante El tema del vinculo entre el pasado,presente y futuro siempre me dejo azorada muchisimas gracias

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